Se trata, justamente, de la experiencia contraria a la que proporciona
el efecto placebo; es decir, consiste en sufrir una
serie de eventos adversos como consecuencia de las expectativas
negativas que tenemos respecto a un medicamento, remedio, terapia, e
incluso un placebo, y que nos hacen creer que no funcionará o resultará
perjudicial para nuestra salud. Sobra decir que como efecto contrario, el nocebo actúa en los mismos centros del cerebro, pero provocando un malestra en vez de un bienestar y entonces la religión también es un nocebo.
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